Olvídate de trucos para tu router WiFi que ya no solucionan el problema de lentitud
Es la fórmula prácticamente mágica que circula desde hace años en foros, blogs de tecnología y en documentos oficiales de las operadoras. Durante mucho tiempo, cambiar el canal de 1 a 6 o 11 era la solución estrella que devolvía la normalidad a tu conexión.
Sin embargo, esa recomendación, que en los finales de los 2000 se consideró el Santo Grial, se ha convertido hoy en un mito que, lejos de ayudar, suele generar más inconvenientes que beneficios.
Pero, para comprender por qué este truco debe abandonarse (al igual que el viejo truco de golpear la TV para restablecer la señal), hay que retroceder varios años. Hace quince años, la mayoría de los routers operaban únicamente en el espectro de 2,4 GHz.
En ese entorno existían sólo tres canales que no se solapaban entre sí. Si habitabas en un edificio de pisos, seguramente percibiste lo conflictivo que resultaba. Localizar un canal libre o, al menos, poco congestionado equivalía a hallar un oasis en medio del desierto.
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Sin embargo, todo ha evolucionado considerablemente. Los dispositivos domésticos de hoy son más inteligentes y funcionan en espectros mucho más amplios, como la banda de 5 GHz o incluso la de 6 GHz.
En este contexto, los cuellos de botella desaparecen. El inconveniente es que el consejo ha sobrevivido a esta evolución y sigue aplicándose una solución de 2010.
La realidad es que los routers actuales incluyen una función de selección automática de canales. El dispositivo escanea el entorno, evalúa el ruido de las redes vecinas y determina el canal óptimo para tus datos.
Si accedes manualmente y fijas un canal tras ver un vídeo de YouTube que sugiere el 11 como mejor opción, le estás quitando una posibilidad. Le impides que adapte su configuración si, por ejemplo, tu vecino instala de repente un nuevo dispositivo que interrumpe precisamente en ese punto.
Podría parecerte que experimentas una ligera mejora al instante, pero los especialistas advierten que se trata del efecto placebo. Al cambiar el canal, el router se ve obligado a reiniciarse, a refrescar las conexiones y a desplazar los equipos que generaban conflictos.
En pocas palabras, lo que arregló tu conexión no fue el canal nuevo, sino el hecho de reiniciar el dispositivo. Además, hoy en día aparecen factores mucho más técnicos y modernos que un simple número de canal. Ya se habla del ancho de banda del canal (si utilizas 80 MHz o 160 MHz), del comportamiento DFS para no interferir con radares meteorológicos y de cómo el router distribuye los dispositivos entre sus diferentes radios.
Los expertos recomiendan una prueba de oro antes de tocar nada: conecta un ordenador mediante cable Ethernet directamente al router. Si la velocidad es buena en esa prueba, el problema está dentro de tu hogar; si sigue baja, contacta a tu operadora.
Para lograr una buena velocidad y, sobre todo, que sea estable, lo primero es la ubicación: pon el router en un lugar elevado, central y sin obstáculos.
Si tu casa es grande, olvida los repetidores baratos de 20 € que simplemente amplifican una señal ya deficiente y opta por un sistema Mesh que gestione bien la cobertura.
Y, por último, utiliza cables. Cuando tienes una televisión 4K o una consola de videojuegos, conectarlas mediante Ethernet elimina el 99 % de los problemas que suelen atribuirse a los canales.
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