Con el estadio repleto, el Xeneize movió la alineación. Edinson Cavani dejó el campo y la multitud lo despidió con abucheos.
En el terreno sucedió poco: ambos conjuntos, a medida que avanzaban los minutos, se resignaron al empate sin goles y a conservar la valla en cero. Tal vez Racing cerró con mejor imagen, pero tampoco sobraron chances. En las gradas se vivió otro duelo: la Bombonera volvió a hacerse escuchar. Desde la exigencia inicial, pasando por el clásico «¡muévete, Xeneize, muévete!», hasta la bronca con el capitán Cavani (y varios compañeros) y la reacción de Juan Román Riquelme. El partido dejó más para discutir fuera que dentro del rectángulo.
Austeridad y puro aliento caracterizaron la salida de los equipos en el Alberto J. Armando. Similar a la semifinal de diciembre entre los mismos rivales, pero sin humo de colores ni fuegos artificiales, moda que ya es habitual en cada estadio de Primera. A la vieja usanza, La 12 intentó imponer su lema: «Esta noche, cueste lo que cueste, esta noche tenemos que ganar». Hasta el hincha más optimista sabía que el rival, que había ganado cuatro de los últimos seis choques con Boca, llegaba mejor. Y que al equipo de Úbeda, sin el lesionado Leandro Paredes y con la derrota frente a Vélez y el empate con Platense encima, podía complicársele.
Si alguien dudaba de la reacción que tendría la gente con Cavani tras su regreso al brazalete y la camiseta número 10, a los tres minutos quedó claro que la paciencia con él sigue al límite. En una pelota parada, el uruguayo quedó como lateral izquierdo; en lugar de salir rápido y buscar el contraataque con su compatriota Miguel Merentiel, que pedía pase al hueco por la izquierda, optó por frenar y recomenzar con Agustín Marchesín. La actitud ya caló hondo entre los presentes.
El encuentro de Cavani fue de discreto a pasable, como el de la mayoría de los 22 que arrancaron y los que ingresaron después. Pero la suma de detalces lo convirtió en blanco de murmullos que derivaron en silbidos cuando fue reemplazado. Muchos incluso aplaudieron cuando el relator anunció a Iker Zufiaurre, el joven que lo suplantó, como para dejar en claro que prefieren al pibe antes que al veterano de 39 años recién cumplidos. En medio del mal momento del equipo y las críticas a Tomás Belmonte, también sustituido por Tomás Aranda, se destacó un gesto de Riquelme desde el palco: el presidente aplaudió a los futbolistas cuando salieron. Román, que compartió sector con Mariano Herrón, técnico de la Reserva, aplaudió a los cuatro que dejaron la cancha (antes también lo había hecho con Merentiel y Williams Alarcón).
El «¡Muévete, Xeneize, muévete, dejá de joder!» se expandió desde la popular Sur hasta plateas y palcos, aunque no caló en La 12. Ocurrió casi sobre la media hora del complemento, cuando Racing empezó a dominar y a inquietar. No hubo reacción. Más allá de los cambios y la apuesta por los jóvenes, a Boca no se le ocurrió cómo ganar un clásico que, de haberse dado, hubiera sido inmerecido. Solo un par de errores de Facundo Cambeses y un remate desviado del juvenil Aranda evitaron que la victoria fuera una quimera. La estadística reflejó que Boca finalizó el duelo sin tiros al arco rival.
«Entiendo perfectamente la bronca del hincha porque, como dije al principio, Boca tiene que proponer y necesita ganar siempre. Lo tenemos muy claro, entendemos a la gente y es normal que exija; sabemos la exigencia del Mundo Boca y estamos detrás de mejorar eso y empezar a ganar». Úbeda acertó en su diagnóstico, pero el equipo está lejos de transmitir seguridad. Los de arriba se escapan en la Tabla Anual (que, para el despistado, entregará un título a fin de año), el mes próximo se sorteará la fase de grupos de una Libertadores que volverá a ser el gran sueño y, si no cambia, volverá a convertirse en frustración.
Para Riquelme es hora de aguantar la tormenta. Boca ganó dos, empató dos y perdió dos en seis fechas del Apertura. Ahora tendrá un aparente respiro en la Copa Argentina este martes ante Gimnasia de Chivilcoy y una nueva presentación de local contra Gimnasia de Mendoza, que cayó en cuatro de sus seis partidos. Román confía en que el rumbo se enderezará y los rendimientos individuales y colectivos subirán si el Xeneize accede a los dieciseisavos de la copa nacional y suma los próximos tres puntos en la Bombonera en el campeonato. Y tiene claro que respaldará a Úbeda salvo catástrofe, según lo que pudo saber este medio en los pasillos del estadio.
A pesar de la gran cantidad de bajas, que incluye a los operados Rodrigo Battaglia y Milton Giménez (el próximo en pasar por el quirófano será Carlos Palacios), en este momento puede asegurarse que Boca se retiró del mercado de pases. La dirigencia, a priori, no hará más movimientos tras la llegada de Adam Bareiro (presenció el partido con Cristian Riquelme desde otro palco), refuerzo ofensivo para paliar la ausencia del Cabo Giménez y las hipotéticas bajas de un Cavani que todavía siente molestias por la lumbalgia. Salvo que surja una oportunidad extraordinaria o una baja de peso imprevista, no habrá más incorporaciones pese a algún rumor de última hora.
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