Inicio / Internacional / Conflicto con Irán podría desatar crisis alimentaria global

Conflicto con Irán podría desatar crisis alimentaria global

Cómo la guerra con Irán podría desencadenar una nueva crisis alimentaria

A través del estrecho de Ormuz circula cerca del 20 % de las exportaciones mundiales de crudo y gas natural licuado. Sin embargo, el cargamento más crítico son los fertilizantes que sustentan la producción de alimentos en todo el planeta, además de los víveres que importan Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Omán, Baréin y Arabia Saudí.

Datos de la firma de inteligencia marítima Signal Group indican que los países del Golfo concentran el 20 % del comercio global de fertilizantes esenciales como amoníaco, fosfatos y azufre. Casi la mitad de la urea que se comercializa en el mundo —el abono nitrogenado más empleado— proviene de esta región.

Los efectos de una confrontación bélica con Irán amenazan con convertirse en el mayor riesgo para la seguridad alimentaria internacional desde hace seis años, después de la pandemia de COVID-19 y la toma rusa de tierras y puertos de exportación de granos ucranianos al estallar la guerra en Ucrania en 2022.

Rendimiento agrícola en peligro

La UNCTAD, organismo de la ONU que apoya a los países en desarrollo a integrarse en la economía global, calcula que cada mes transitan 1,33 millones de toneladas de fertilizantes por el estrecho de Ormuz. Un cierre de 30 días sería suficiente para provocar desabastecimiento y afectar el rendimiento de cultivos que dependen del nitrógeno, como maíz, trigo y arroz.

«El encarecimiento influirá en la elección de cultivos», advierte a DW Joseph Glauber, investigador principal del Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI) con sede en Washington. Añade que, en las naciones más pobres, podría reducirse el uso general de fertilizantes, lo que perjudicaría la producción.

Por su parte, el banco holandés ING ya alertó en un informe de que “una interrupción prolongada reduciría significativamente el acceso a estos productos en regiones altamente dependientes de las importaciones, como Brasil, India, Asia meridional y partes de la Unión Europea”.

Otros productores, como Rusia, China, Estados Unidos y Marruecos, tendrían dificultades para incrementar de inmediato la producción y cubrir el déficit. «El nitrógeno puede generarse donde exista gas natural o carbón, a diferencia de la potasa o los fosfatos, que requieren yacimientos minerales», explica Glauber, execonomista jefe del Departamento de Agricultura de EE.UU.

Alza en los costos de los alimentos

Más allá de las limitaciones de fertilizantes, el petróleo desempeña un papel central en el costo final de los alimentos, pues mueve la maquinaria agrícola, los camiones que transportan cosechas, las plantas procesadoras y la refrigeración.

«La energía representa indirectamente cerca del 50 % del precio de los alimentos», subraya Glauber a DW. «Tras las altas tasas de inflación alimentaria de 2023-2024, los precios no han bajado; solo se ha desacelerado el ritmo de aumento».

Las naciones más pobres, las más castigadas

El costo humano del conflicto con Irán se distribuirá de forma desigual. Los países menos desarrollados y más dependientes de importaciones absorberán el impacto de la escasez de fertilizantes y el encarecimiento energético.

La India figura entre los más expuestos, ya que depende del Golfo para hasta dos tercios de sus compras de fertilizantes nitrogenados, incluida una gran proporción de urea. La escasez pondría en riesgo la próxima temporada de siembra del monzón y encarecería fuertemente el arroz, el trigo y otros básicos que alimentan a 1 450 millones de personas.

Brasil, uno de los mayores exportadores agrícolas del mundo, cubre cerca del 40 % de su demanda de nitrógeno con urea procedente del Golfo. Cualquier interrupción prolongada amenaza los rendimientos de soja y maíz en un momento de ya escasos suministros globales.

El África subsahariana afronta el riesgo más severo. Muchos países africanos ya utilizan fertilizantes en cantidades muy inferiores a las recomendadas. Así, incluso un leve encarecimiento podría obligar a los pequeños agricultores a reducir aún más su uso, recortando cosechas y agravando el hambre crónica.

Según Bloomberg, la inflación en Irán ya superaba el 40 % antes del conflicto y los precios de los alimentos seguían subiendo. Las interrupciones en importaciones, costos energéticos y logística interna probablemente elevarán aún más la inflación alimentaria, agravando las dificultades de millones de personas.

Las naciones del Golfo, que importan entre el 80 % y el 90 % de sus alimentos —desde cereales y carne hasta lácteos y aceites vegetales— también dependen enormemente de Ormuz para sus abastecimientos. Un cierre prolongado podría agotar las reservas estratégicas en pocos meses, obligando a racionar o a desviar costosamente los envíos por el Mar Rojo y el Golfo de Omán.

Referencia de contenido: consultar fuente original aquí

Etiquetado: