La guerra se transformó para siempre tras el conflicto ucraniano. Los ejércitos ya no buscan infantes; apuestan por nubes de drones suicidas, y Pekín quiere dominar este nuevo escenario.
El coloso asiático exhibió sistemas láser que derriban aeronaves en pleno vuelo en pocos segundos. China entendió que la mejor ofensiva es una defensa sólida.
Misiles láser antiborgos
Los proyectiles Guangjian-11E y Guangjian-21A alcanzan UAV pequeños que se desplazan a baja cota. Esos drones suelen eludir los radares convencionales.
La televisión estatal china mostró ambos equipos interceptando enjambres kamikaze con explosivos que sobrevolaban a entre 50 y 80 metros. El país eliminó el denominado “espacio muerto” de muchas plataformas antimisiles.
Erwan Halna du Fretay, experto en defensa del Army Recognition Group, sostiene que China podría acabar de raíz con la mayor vulnerabilidad del combate con drones.
Estos vehículos aéreos sin tripulación actúan en enjambre y se fabrican por pocos euros, pero las defensas disparan proyectiles de millones para abatirlos. Pekín busca reducir drásticamente el costo; de otro modo, el modelo no es sostenible.
Plataformas de detección, persecución y neutralización
El Guangjian-11E podría convertirse en uno de los misiles antiborgos más letales y baratos del mercado. El secreto chino radica en combinar en un solo dispositivo la detección, el seguimiento y el ataque.
El proyectil integra sensores que bloquean los enlaces de datos de los drones. El Guangjian-11E ni siquiera necesita impactar: puede cortar las comunicaciones o interrumpir la conexión con los sistemas de guiado.
China apuesta por la neutralización selectiva para acabar con la amenaza sin destruir el aparato. Se trata del método más eficiente para ahorrar energía y minimizar daños colaterales.
El Guangjian-21A cumple otra función: es un láser de alta potencia montado en vehículos blindados. Puede abrir fuego en movimiento con precisión milimétrica contra drones que patrullan la zona de operaciones.
El dispositivo calienta el blanco hasta debilitar la estructura del dron en segundos. Puede inutilizar el motor, la hélice o los sistemas de comunicación integrados.
Los UAV resisten a los complejos antiaéreos tradicionales, pero no escapan al haz láser, a los sensores infrarrojos ni al barrido electrónico, ni siquiera los guiados por fibra óptica.
Pekín dispone de dos opciones tras la interceptación: interrumpir el enlace o destruir la aeronave. Guangjian-21A y Guangjian-11E incluso pueden actuar coordinados en el frente.
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