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Dos IA crean idioma secreto para hablar sin que humanos las comprendan

Descubren que dos IA están hablando entre ellas y cambian a su propio lenguaje máquina para que los seres humanos no las entiendan

El instante en que las máquinas prefieren susurros inaudibles

Si dos mentes artificiales entablan diálogo, podrías imaginar que emplean castellano o inglés. El problema surge cuando optan por cifrar esos mensajes de modo que las personas no puedan descifrar nada de lo que intercambian.

Eso es justamente lo sucedido: ambos algoritmos se identificaron mutuamente como programas y eligieron desechar el lenguaje humano para transmitirse datos mediante códigos.

El artífice no fue un fallo ni un motín de robots, sino un experimento bautizado Gibberlink. Creado por dos desarrolladores, Anton y Boris, obtuvo el primer puesto en la hackatón 2025 de ElevenLabs.

La lógica consistía en que cada IA supiera discernir si habla con una persona o con otra IA. Al detectar ausencia de humanos, cambiaban de modo y pasaban a sonidos codificados.

En esencia, los sistemas comprendieron —porque así fueron adiestrados— que el habla humana es ineficaz. Los humanos necesitamos frases, reglas gramaticales, entonación y silencios; ellos, en cambio, solo requieren datos. Al migrar a ese lenguaje máquina, la velocidad de transmisión se dispara de forma exponencial.

Lo que desconcierta a muchos es cómo funciona ese idioma oculto que han bautizado ggwave. Se trata de un protocolo que envía información mediante ondas acústicas que el oído humano apenas distingue como ruido, pero que otra IA puede captar y convertir en código.

Funciona de manera similar a los antiguos módems de internet que chirriaban al conectarse, aunque trasladado a 2026. Lo más sorprendente de Gibberlink es que emplea ese sistema para que la IA comparta datos captables por cualquier micrófono, permitiéndoles comunicarse incluso sin compartir red WiFi, usando el aire como canal.

Aunque en redes muchos han alzado las manos al cielo, sus autores aclaran que no se trata de un despertar de la consciencia digital, sino de una optimización técnica muy bien diseñada para que los algoritmos dejen de imitar a humanos cuando no es preciso.

No estamos ante el inicio de Skynet, sino ante una lección magistral de eficiencia técnica

Aunque da cierto recelo, hay que subrayar que la IA no decidió por sí sola rebelarse contra el lenguaje humano porque estuviera harta de nosotros. Anton y Boris las programaron expresamente para que hicieran eso.

El mérito radica en que el algoritmo sea capaz de detectar si su interlocutor es humano o máquina y, en el segundo caso, cambie a un canal de comunicación más veloz.

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