Ataque con cóctel molotov a la vivienda de Sam Altman
La madrugada del pasado día, Sam Altman y su familia se vieron despertados de sopetón por un estruendo: alguien había arrojado un artefacto incendiario contra su residencia en San Francisco. Afortunadamente, el proyectil rebotó en una ventana y no provocó heridos, aunque dejó patente la creciente tensión en torno a la inteligencia artificial.
Según el propio Altman, los hechos sucedieron a las 3:45 a.m. Las cámaras de seguridad captaron al autor, un veinteañero que, al día siguiente, apareció gritando amenazas en la entrada de las oficinas centrales de OpenAI. Allí fue arrestado sin incidentes.
Sam Altman ha reflexionado públicamente sobre lo ocurrido en su blog personal. Por primera vez, publicó una imagen de su pareja y su hijo junto al mensaje: «Esta es mi familia. Los amo más que nada. Normalmente somos discretos, pero comparto esta foto con la esperanza de que disuada a la próxima persona de lanzar un cóctel molotov contra nuestra casa, independientemente de su opinión sobre mí».
Las reflexiones del CEO de OpenAI tras el incidente
«La IA será la herramienta más potente jamás creada para ampliar la capacidad y el potencial humano», afirma Altman. «La demanda de esta tecnología será ilimitada y la gente realizará cosas extraordinarias. El mundo merece abundancia de IA y debemos conseguirlo».
Admite que el camino no será fácil: «No todo saldrá bien. El miedo y la ansiedad hacia la IA son razonables. Estamos presenciando el mayor cambio social en décadas, quizá el más grande de la historia. Necesitamos nuevas políticas que faciliten una transición económica difícil para alcanzar un futuro mejor».
Insiste en un punto clave: «La IA debe democratizarse. No me parece justo que un puñado de laboratorios tome las decisiones más trascendentales sobre nuestro futuro».
Altman compara la AGI, la inteligencia artificial general, con «el Anillo Único» de El Señor de los Anillos: «La única solución que se me ocurre es compartir la tecnología con todo el mundo, para que nadie posea el anillo».
Tiene razón al señalar que las corporaciones de IA no deben tomar decisiones unilaterales que afectan al planeta; corresponde a la ciudadanía y a las instituciones. Hoy, sin embargo, la IA ya está desplazando a miles de trabajadores sin leyes que protejan a los humanos. Es el Salvaje Oeste.
Muchos temen que los beneficios de la revolución artificial los disfrutarán sobre todo las generaciones venideras, mientras que la actual recibirá la mayor parte de los costes.
Altman repite: «Debemos hacer esto…», «Tenemos que…», «Necesitamos…». Pero no detalla cómo conseguirlo. Esa es la gran incógnita, porque ni él lo sabe con certeza. Nadie lo sabe. Y esa incertidumbre genera miedo, confusión y, desgraciadamente, ira.
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