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El cable submarino que globalizó Internet ya se retira del fondo oceánico

El cable que hizo posible la conexión a Internet a nivel global está siendo retirado del fondo del mar

Las telecomunicaciones entre continentes no surgieron de la nada; la red mundial que hoy disfrutamos ha necesitado décadas de evolución para llegar a los actuales routers WiFi de altas prestaciones o cables Ethernet de gran estabilidad.

Mientras abres Chrome, envías mensajes por Instagram o WhatsApp o realizas videollamadas por Discord y Teams, la infraestructura original permanece “enterrada” bajo miles de metros de agua.

Ese artefacto es el TAT-8, el primer cable interoceánico de fibra óptica que, en sus inicios, supuso un hito, pero que hoy se considera obsoleto y está siendo extraído del lecho marino para reciclarse tras servir durante lustros.

Hoy damos todo por hecho, por eso conocer este acontecimiento resulta clave para seguir avanzando tecnológicamente.

Si te has preguntado cómo pasamos de fogatas y cuevas al WiFi, esta historia te hará verlo con otros ojos.

El primer cable de fibra óptica que unió continentes cierra su ciclo

¿De dónde proviene Internet? No todo depende del operador o de los enormes servidores corporativos, sino de una infraestructura más profunda: los cables que conectan a los países yacen bajo el mar.

Así es: se colocan estratégicamente en zonas oceánicas para permitir la navegación internacional. La historia de las líneas submarinas que atraviesan todos los océanos comenzó con el Transatlantic Telecommunications Cable No. 8 (TAT-8) en 1988.

Su despliegue resultó crucial para unir Estados Unidos con Europa a través del Atlántico, convirtiéndose en el primer sistema de fibra óptica transoceánico.

Los cordones de cobre, acero y polietileno, tan gruesos como una manguera, se asentaron a kilómetros de profundidad, creando una “telaraña global” marina.

Respaldado por compañías como AT&T, British Telecom y France Telecom, el objetivo del proyecto era abrir camino al Internet moderno, funcionando mediante pulsos de luz en filamentos de vidrio finísimos que transmiten a gran velocidad y ofrecen una conexión superior.

Literalmente, la red mundial depende de ellos; sin ellos no habría videoconferencias, juegos en línea, operaciones bancarias, redes sociales ni otras acciones cotidianas actuales.

Tal vez por eso China barajaba cortarlos para interrumpir las telecomunicaciones globales. Sin embargo, un reporte de la revista Wired indica que ha llegado su fin y esta red comenzará a ser removida porque dejó de operar en 2002 y solo ocupa espacio en rutas que podrían aprovecharse para nuevas conexiones.

El reciclaje del TAT-8 es una operación de recuperación tan compleja como fascinante

La compañía Subsea Environmental Services se encarga de ejecutar esta tarea. El propósito es rescatar los cables submarinos mediante el buque MV Maasvliet.

Gracias a esta tecnología se pueden localizar los tramos principales con un ancla especial que se desliza por la línea para engancharla.

Esta será una de las fases más difíciles, pues tras más de dos décadas en las profundidades es probable que se haya desviado de su ubicación inicial o que se haya enterrado bajo la arena, convirtiéndose en una suerte de “tesoro perdido” que se halla por segmentos.

No obstante, una vez localizado, se elevará a la superficie para iniciar la extracción manual. Cuando concluya el trabajo, dará paso a una infraestructura moderna de fibra óptica más eficiente.

Asimismo, el TAT-8 será enviado a Sudáfrica para su reciclaje final, del que se espera recuperar cobre, acero y otros materiales valiosos útiles en distintos sectores tecnológicos.

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