Federico Faggin, figura clave en la historia de la informática y responsable del primer microprocesador comercial, sostiene que la inteligencia artificial no posee comprensión real.
Su postura se basa en una distinción fundamental, donde los modelos de IA generativos actuales procesan datos y generan correlaciones, pero al final no experimentan ni entienden lo que producen.
Desde esa perspectiva, advierte del riesgo de atribuir capacidades cognitivas a sistemas que solo funcionan mediante cálculos estadísticos y poco más.
No se centra en la utilidad de la IA, sino en la interpretación social de su funcionamiento. Para Faggin, confundir rendimiento con inteligencia puede llevar a decisiones tecnológicas y políticas basadas en premisas equivocadas.
Generar no es lo mismo que comprender
Federico Faggin diseñó en 1971 el Intel 4004, el primer microprocesador comercial de la historia y el fundamento tecnológico sobre el que opera todo lo que hoy llamamos inteligencia artificial.
Desde esa posición, su diagnóstico es contundente: la IA no entiende lo que produce, no tiene conciencia y el mayor error del debate actual es llamar inteligente a algo que no lo es.
Los sistemas “inteligentes” producen texto, imágenes y código con una fluidez que resulta difícil de distinguir del trabajo humano. Esa capacidad, sin embargo, no implica comprensión.
Lo que hacen estos modelos es identificar patrones estadísticos en volúmenes masivos de datos y generar respuestas que resultan plausibles dado ese contexto. No hay acceso al significado de lo que se produce y tampoco ningún proceso que entienda lo que está diciendo.
Faggin lleva años insistiendo en que esa distinción es fundamental, ya que un sistema puede ser extraordinariamente bueno produciendo respuestas coherentes sin saber nada.
Y la diferencia entre ambas cosas —generar y comprender— no se resuelve añadiendo más datos, más parámetros o más potencia de cálculo, sino que es una diferencia de naturaleza, no de escala.
La conciencia no compila ni escribe código
Federico Faggin afirma que la conciencia —la capacidad de tener experiencias subjetivas, de percibir que se existe, de atribuir significado a lo que se percibe— no es el resultado de operaciones matemáticas, por complejas que sean.
Un sistema que procesa símbolos, aunque lo haga a una velocidad y precisión inalcanzables para cualquier cerebro humano, sigue procesando símbolos sin acceder a lo que significan.
El filósofo John Searle planteó algo similar décadas atrás con su experimento mental del “cuarto chino”: una persona que sigue reglas para manipular símbolos en un idioma que desconoce puede producir respuestas correctas en ese idioma sin entender ni una sola palabra.
El argumento central de Faggin se basa en separar dos conceptos que a menudo se confunden: procesar información y comprenderla. Los modelos de IA generan respuestas basadas en probabilidades, no en interpretación.
Cada salida es el resultado de relaciones estadísticas aprendidas durante el entrenamiento, sin que exista una noción interna de lo que esas relaciones representan.
La inteligencia humana, en cambio, integra experiencia, contexto, memoria, intención y conciencia. Para Faggin, estos elementos no pueden reducirse a cálculos matemáticos.
El problema empieza por el nombre
Llamar “inteligente” a estos sistemas tiene consecuencias concretas en cómo se regula la tecnología, en cómo se diseñan los marcos de responsabilidad legal y en cómo millones de usuarios interactúan con ella.
Si se asume que un modelo de lenguaje comprende lo que dice, se le delegan decisiones que no está en condiciones de tomar. Si se asume que razona, se confunde su output con criterio.
Federico Faggin no pide que se abandone la IA ni que se frene su desarrollo. Lo que argumenta es más preciso: que entender correctamente lo que es esa tecnología es la condición previa para usarla bien.
Y que el término inteligencia artificial ha construido una imagen pública que no se corresponde con el mecanismo real que hay detrás. Reconocer esta diferencia es fundamental para evitar expectativas irreales.





