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IA pone en riesgo ganancias de artistas; hasta 24% menos hacia 2028: UNESCO

IA amenaza ingresos de músicos, cineastas y otros artistas; perderían hasta el 24% para 2028: UNESCO

La irrupción vertiginosa de la Inteligencia Artificial generativa enciende las alarmas en los sectores culturales. Un reciente estudio de la UNESCO advirtió que, si continúa la tendencia actual, músicos, cineastas, escritores y demás creadores verían mermados hasta un 24% de sus ingresos en los próximos tres años. La amenaza trasciende la economía: la IA puede ahogar la creación humana.

Impacto directo al bolsillo artístico

La consecuencia más dura es financiera. Según proyecciones del organismo internacional, para 2028 la música registraría una caída global de ingresos del 24%, mientras que el audiovisual perdería el 21%. La inteligencia artificial, entrenada con obras humanas, empieza a competir directamente con quienes la alimentaron con su talento.

El documento alerta sobre el riesgo de “colapso del modelo”. A medida que los sistemas de IA se alimentan cada vez más de contenido sintético —generado por otras máquinas— en lugar de obras auténticas creadas por personas, la calidad y confiabilidad de los resultados tiende a degradarse. El algoritmo termina aprendiendo de sí mismo, en un círculo vicioso que podría empobrecer la diversidad cultural.

La transformación digital ya es evidente: hoy el 35% de los ingresos de los artistas proviene de canales digitales, el doble que en 2018. Pero esa dependencia también implica mayor inestabilidad, precarización laboral y exposición a violaciones de derechos de autor, en un entorno dominado por plataformas y recomendadores opacos.

Un mercado que crece con brechas profundas

El comercio mundial de bienes culturales se duplicó entre 2018 y 2023, alcanzando los 254,000 millones de dólares. El 46% de las exportaciones proviene de países en desarrollo, reflejando dinamismo creciente en el Sur Global.

Sin embargo, la distribución de beneficios sigue siendo desigual: los países en desarrollo apenas superan el 20% del comercio mundial de servicios culturales, proporción estancada mientras el consumo digital avanza. La brecha tecnológica también es marcada: el 67% de la población en naciones desarrolladas posee habilidades digitales básicas, frente al 28% en las menos desarrolladas.

Se suma la concentración del mercado en pocas plataformas que controlan la distribución global. Sus algoritmos de recomendación —poco transparentes y sesgados— tienden a invisibilizar a creadores emergentes o provenientes de contextos periféricos.

Más allá de lo económico, el informe advierte sobre riesgos a la libertad artística: solo el 61% de los países cuenta con órganos independientes de vigilancia y apenas el 37% dispone de iniciativas específicas para proteger a profesionales de la cultura en contextos de conflicto, inestabilidad política o desplazamiento forzado. La vigilancia digital y los sesgos algorítmicos agregan nuevas capas de vulnerabilidad.

Ante este panorama, la UNESCO insta a establecer marcos de gobernanza claros para la cultura digital y la inteligencia artificial. Las políticas públicas deben equilibrar la protección de la propiedad intelectual con la promoción de la innovación tecnológica, garantizando un desarrollo ético, inclusivo y sostenible.

“El financiamiento público a la cultura sigue siendo alarmantemente bajo, inferior al 0.6% del PIB mundial”, subraya el informe, indicando que sin políticas sólidas la diversidad de expresiones culturales corre riesgo de ser sofocada por la producción masiva automatizada.

La advertencia es clara: la tecnología puede ampliar el acceso y las oportunidades, pero sin reglas firmes podría erosionar las bases económicas y creativas de quienes sostienen la diversidad cultural del planeta.

El estudio, titulado Re|Shaping Policies for Creativity y presentado en París, analiza datos de más de 120 países y describe un fenómeno que avanza a gran velocidad: cada día se suben a plataformas de streaming más de 50,000 canciones creadas íntegramente por inteligencia artificial.

En servicios como Deezer, el volumen de música generada por algoritmos crece de forma sostenida, mientras la mayoría de los oyentes no distingue entre la música artificial y la producida por humanos.

El informe denomina a estas obras “contenidos sintéticos generados por IA”, es decir, productos elaborados a partir de comandos automatizados, con contribución humana limitada, que imitan estilos existentes protegidos por derechos de autor y que suelen ofrecer una calidad baja o media.

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