Inicio / Internacional / Irán despide al ayatolá Jamenei: duelo, ira y tensiones geopolíticas

Irán despide al ayatolá Jamenei: duelo, ira y tensiones geopolíticas

Multitud en Teherán con banderas rojas en el funeral de Jamenei, gritando consignas de venganza bajo el sol

El sol caía a plomo sobre Teherán mientras miles de personas se congregaban en las calles para la procesión fúnebre del ayatolá Alí Jamenei, líder supremo de Irán durante más de 35 años, cuya muerte en los ataques aéreos conjuntos de Estados Unidos e Israel en febrero marcó un punto de inflexión en la historia reciente del país. El duelo por Jamenei se ha convertido en un escenario donde el dolor se mezcla con la ira, y donde cada gesto adquiere un significado político profundo.

Los féretros que transportan los restos del ayatolá y de varios familiares —fallecidos en los ataques al inicio de la guerra— avanzan lentamente a lo largo de un recorrido de 10 kilómetros. Los organizadores, conscientes del calor asfixiante que azota la capital, rocían agua sobre la multitud para aliviar el sofoco. El ambiente es denso, cargado de emociones que van más allá del luto tradicional.

Multitud en Teherán durante la procesión fúnebre del ayatolá Jamenei con banderas rojas y retratos del líder
BBC:

Los actos para despedir a Jamenei comenzaron el viernes y se extenderán durante toda la semana. Desde la madrugada del lunes, multitudes han recorrido las calles de Teherán ondeando banderas y sosteniendo retratos del líder fallecido. No es solo una despedida, sino una demostración de fuerza. Como explicó la corresponsal jefa de BBC News, Lyse Doucet, se trata de un evento “cuidadosamente coreografiado y profundamente político”, donde los nuevos líderes iraníes buscan transmitir un mensaje de resistencia, tanto hacia el interior como hacia el exterior.

El rojo de la venganza y el grito de la multitud

Entre las emociones que fluyen en las calles no solo está la pena, sino también una ira contenida. Doucet, desde el epicentro de la procesión, describió cómo el color que más destaca en las banderas es el rojo: “rojo por la sangre, y para los musulmanes chiitas, rojo significa martirio… y venganza”. A su alrededor, miles coreaban consignas que resonaban con una claridad estremecedora: “muerte a EE.UU.” y “muerte a Israel”.

Las fotografías de la procesión captan a asistentes portando carteles y pancartas contra el expresidente estadounidense Donald Trump, con mensajes violentos que incluyen amenazas explícitas. También aparecen las imágenes del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y del vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, como símbolos de un enemigo común. Un video difundido por la agencia Fars —vinculada al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica— muestra a los manifestantes lanzando piedras desde un puente contra un cartel con el rostro del presidente estadounidense. En una secuencia posterior, la imagen aparece rasgada en dos, un acto simbólico que refleja el rechazo visceral hacia quienes consideran responsables de la tragedia.

La procesión, según la cadena estatal IRIB, está prevista que dure entre 10 y 12 horas. Hoy es el último de los tres días de duelo público en Teherán, antes de que las ceremonias se trasladen a las ciudades más sagradas para los musulmanes chiitas, tanto en Irán como en el vecino Irak. El entierro está programado para el jueves en Mashhad, al noreste del país, donde las autoridades estiman que millones de personas asistirán a lo que ya se ha dado en llamar el “funeral del siglo”.

Negociaciones en pausa y un líder ausente

Mientras el país se sumerge en el duelo, las negociaciones para alcanzar un acuerdo de paz permanente entre Estados Unidos e Irán permanecen suspendidas. Un frágil alto el fuego sigue en pie, pero las conversaciones se detuvieron desde que comenzaron los actos funerarios el viernes, según declaró el presidente Donald Trump. El sábado, en una entrevista con el sitio de noticias Axios, Trump afirmó que los iraníes estaban “suplicando llegar a un acuerdo”, aunque ambas partes habían decidido hacer una pausa de una semana hasta que concluyera el entierro de Jamenei. Irán, por su parte, no ha confirmado oficialmente la suspensión de las negociaciones.

La presencia de altos cargos del régimen en el funeral no pasó desapercibida para Trump, quien, con un tono que mezclaba ironía y advertencia, declaró: “Están todos allí. Un disparo (y podríamos acabar con todos ellos), pero no vamos a hacerlo porque entonces no tendríamos con quién negociar”. La frase, cargada de tensiones no resueltas, subraya la complejidad de un conflicto donde la diplomacia y la amenaza se entrelazan.

Sin embargo, hay una ausencia notable en los actos: Mojtaba Jamenei, el hijo del ayatolá y su designado sucesor, no ha aparecido en público desde que asumió el cargo a principios de marzo. La periodista Ghoncheh Habibiazad, del servicio persa de la BBC, recordó que, según medios iraníes, Mojtaba resultó herido en el mismo ataque que terminó con la vida de su padre el primer día de la guerra, el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron los bombardeos contra Irán.

“Israel ha jurado —tanto antes como después de su nombramiento— que él es un objetivo potencial de sus ataques. Por tanto, su ausencia podría deberse a motivos de seguridad”, explicó Habibiazad, aunque las autoridades iraníes no han ofrecido ninguna explicación oficial. Hasta ahora, las únicas noticias sobre Mojtaba Jamenei han llegado a través de comunicados escritos publicados en medios locales. El último, emitido el día anterior, ratificaba al jefe del poder judicial de Irán en su cargo para un nuevo mandato.

Cartel con el rostro de Donald Trump rasgado durante la procesión fúnebre en Irán
Getty Images: La banderas rojas prevalecieron en la marcha.

Lo que emerge de este escenario es una paradoja: mientras las calles de Teherán se llenan de gritos de venganza y las banderas rojas ondean como símbolo de martirio, las negociaciones de paz siguen en un limbo. La pregunta que flota en el aire es inevitable: ¿puede un país en duelo, con su liderazgo en transición y su pueblo clamando por justicia, encontrar un camino hacia la estabilidad?

El funeral como espejo de un Irán en encrucijada

Más allá de los discursos y las consignas, lo que se revela en estos días es la profundidad de las divisiones y las lealtades en Irán. El funeral de Jamenei no es solo un adiós a un líder, sino un termómetro de las tensiones internas y externas que definen el momento actual. El rojo de las banderas, el sonido de las piedras golpeando el cartel de Trump, los cánticos que exigen venganza: todo ello dibuja el retrato de una nación que, en medio del dolor, busca reafirmar su identidad frente a un mundo que percibe como hostil.

Y mientras la procesión avanza, lenta pero implacable, bajo el sol inclemente de Teherán, queda la sensación de que este no es el final, sino el preludio de algo más. Algo que, como el eco de los cánticos en las calles, resonará mucho más allá de las fronteras de Irán.

Asistentes al funeral portando pancartas contra Estados Unidos e Israel
Getty Images: No faltaron en el evento las amenazas contra EE.UU. y su presidente.

Vista aérea de la procesión fúnebre en las calles de Teherán
BBC:

El funeral como acto de poder: ¿un mensaje de unidad o fractura?

La procesión fúnebre de Jamenei trasciende el luto para convertirse en un escenario donde Irán exhibe su capacidad de movilización masiva, pero también las grietas en su estructura de poder. El color rojo de las banderas, símbolo de martirio y venganza, no solo refleja el dolor por las víctimas, sino una estrategia deliberada para canalizar la ira colectiva hacia un enemigo externo: Estados Unidos e Israel. Este gesto, cuidadosamente coreografiado, busca proyectar una imagen de cohesión interna en un momento de transición crítica.

Sin embargo, la ausencia pública de Mojtaba Jamenei —heredero designado y figura clave en la continuidad del régimen— introduce una variable de incertidumbre. Su silencio, justificado por razones de seguridad, deja al descubierto la vulnerabilidad de un liderazgo en formación, obligando a preguntarse: ¿puede un país en duelo mantener la estabilidad cuando su sucesor natural opera en la sombra? La paradoja es evidente: mientras las calles claman por acción, la diplomacia permanece en pausa, y el futuro de Irán pende de un equilibrio frágil entre la presión popular y las negociaciones suspendidas.

La metáfora del cartel de Trump rasgado en dos no es casual. Representa el deseo de romper con el pasado reciente, pero también la imposibilidad de ignorar que, en el tablero geopolítico, Irán sigue necesitando interlocutores. La pregunta que subyace es si este funeral, más que un adiós, es el acto fundacional de una nueva era: una donde la venganza y la pragmática conviven en tensión permanente.

¿Qué revelan estos días sobre el Irán del mañana?

Lo que emerge es un país en encrucijada, donde el dolor se politiza y la unidad se pone a prueba. El funeral de Jamenei no cierra un capítulo, sino que abre uno nuevo: el de un Irán que debe decidir si el camino hacia adelante pasa por la confrontación o por una redefinición de su lugar en el mundo. Y en ese dilema, cada gesto —desde las piedras lanzadas hasta los comunicados escritos de Mojtaba— adquiere un peso estratégico.

Referencia de contenido: consultar fuente original aquí
Etiquetado: