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Futbolistas mudos, camarines hirviendo y la charla final: el detrás de la despedida de Gallardo

Jugadores sin respuestas, un vestuario caliente y la última charla con el plantel: el detrás de escena de la salida de Gallardo de River

Marcelo Gallardo se alzó junto al banco de suplentes durante el segundo tiempo frente a Vélez, pero en su interior ya no era el técnico de River. Su cuerpo estaba presente, manos metidas en los bolsillos, moviendo fichas para buscar el empate. Su mente, sin embargo, divagaba por otros rumbos. Justamente él, que convirtió la palabra creer en estandarte, había perdido la fe. Una mezcla de bronca y resignación. Desde adentro aseguran que, en el entretiempo, las paredes temblaron: hubo gritos, producto de 45 minutos que el Muñeco también calificó como desastre técnico. El resto del encuentro fue un espejismo: algo de reacción por orgullo deportivo y algo más por el desgaste rival. El equipo pudo igualar 1-1, pero difícilmente recuperaría a su líder. La primera medida, tras otra caída dolorosa, fue cancelar la conferencia de prensa. “No veo respuestas”, le susurró a un colaborador mientras saludaba a los futbolistas. Minutos después circuló por todo el Mundo River que pedía “24 horas para reflexionar”, para decidir su rumbo. En realidad, se trataba de confirmar al día siguiente la resolución que ya latía en su pecho: abandonar el club en la sexta fecha del campeonato local. Sintió que había agotado rápidamente la última bala que, como él mismo presumió a fines de 2025, se ganó con su “historia hermosísima”.

Nadie podrá desgarrar la bandera de Gallardo. Se convirtió en ídolo con el buzo de entrenador, luego de haber sido un mediocampista valioso y querido por surgir de la casa. En sus épocas como enganche que leía el juego, como lo certificó Passarella, los pibes compraban la camiseta de Enzo y del Burrito Ortega. Ahora lucen la corbata que le copió a Labruna. El jueves volverá a colmarse de ese amor que se volvió eterno tras ganarle a Boca la final de Madrid. Todos cerrarán los ojos durante treinta segundos y lo revivirán campeón otra vez. Un homenaje más entre los tantos que disfrutó en este año y medio de regreso. Aunque, exigente y meticuloso como es, el Muñeco sabe que en su segunda etapa solo rozó la estatua. No pudo ser protagonista, no potenció rendimientos y levantó 0 de los 10 títulos que disputó. El entrenador que convirtió a River en copero quedó afuera de la Libertadores 2026. En su análisis, por supuesto, hay autocrítica. Y una decepción enorme por un equipo que no representa a su gente. Hay un dato demoledor: River no pudo ganar ninguno de los 19 partidos en los que empezó perdiendo 1-0. Un plantel sin carácter es el colmo para Gallardo. Desde la paliza de Palmeiras en el Monumental para acá, se le animaron todos y lo vencieron casi todos: Riestra, Gimnasia, Sarmiento, Tigre, Argentinos, Vélez… Ahí quedan expuestos los líderes. O la ausencia de caciques distintos en un vestuario que tiene como capitanes a Armani y Juanfer, muy distintos a Enzo Pérez y Ponzio. Alguien que conoce la intimidad del plantel fue contundente: “Puede ser generacional. Pero hoy no hay uno que entre pateando puertas”. En tiempos felices se levantaban antes de los golpes.

Los futbolistas no le respondieron. Y surgen muchos nombres en la nómina de Gallardo, que gastó 85 millones de dólares desde su retorno. Se podrá argumentar que vendió por más, pero la idea no era un brindis en la tesorería sino una vuelta olímpica en la cancha. En ese rubro hay responsabilidad en la elección del entrenador, dueño del proyecto futbolístico del club. Aunque, en contrapartida, por los pasillos del Monumental dejan trascender que también pretendía un delantero que se bajó por su perfil. Cerca del Muñeco hacen una enumeración dura sobre sus intentos fallidos en la gestión del plantel: trajo campeones del mundo, probó con figuras, dio chances a chicos, estudió al rival, buscó imponer su fuerza… Pero los resultados fueron idénticos. Por eso veía que ya no podía torcer el guion. No se excusan con las lesiones del domingo, cuando casi en fila se lesionaron Quintero (desgarro), Armani (¿se precipitó su retorno?) y Kendry Páez.

Este River no se convirtió en el peor de los últimos 10/15 años por la mala suerte. Y excede el gol de Lanzini al primer palo de Armani, algo que se leyó en los labios de Gallardo en su diálogo con Biscay. En ese primer tiempo que expulsó al Muñeco pasó de todo: a Martínez Quarta y Paulo Díaz los movieron en el juego físico con una facilidad alarmante; Viña erró casi todo, aunque jugó por la fiebre interminable de Acuña; Juanfer perdió una pelota otra vez en mitad de cancha y hubo una cadena de errores como contra Tigre; los atacantes nunca le dieron cerca al arquero Montero. Sin gol no hay paraíso. Driussi aún no devolvió la confianza ni la inversión; a Colidio llegó a pedirle más corazón; a Salas, por el que dejó de jugar al pádel con Diego Milito, ya ni le dio minutos… En su última foto eligió poner como salvador a Freitas, un chico de la Reserva que no hizo la pretemporada. El mismo que encaró en el área y le hicieron un penal absurdo para rescatar a River del papelón en la Copa Argentina. En un tiempo no tan lejano, hasta a Mastantuono se lo llevaba de a poco.

Gallardo tenía todo claro al llegar al River Camp, cerca de las 4 de la tarde. Y llamó por teléfono a Stéfano Di Carlo para confirmarle su resolución. Al rato, el nuevo presidente, quien en una jugada hábil le había renovado el contrato antes del superclásico, aceleró hasta Ezeiza para hablar en persona. Todo el cuerpo técnico y Francescoli ya estaban al tanto. Fue entonces que el Muñeco expuso su idea, Di Carlo le consultó si había forma de doblar su determinación y, al comprobar que no, se pactó amistosamente que el partido con Banfield fuera el último baile. La otra charla, más multitudinaria, fue con los futbolistas. Ya más sereno, el entrenador habló “en el tono del video”, según varios testigos. Los impulsó a enderezar este momento duro de River. Allí todos escucharon, con Juanfer roto por la partida, tal vez porque además de su vínculo personal fue el 10 y el capitán durante estos dos últimos meses. Mientras los dirigentes ya debían planificar el día después (surge como candidato principal Chacho Coudet, más Crespo y Gaby Milito; no corre Holan y mucho menos Sampaoli), el Muñeco fue a la cancha 1 para grabar el anuncio oficial que se publicó en las redes del club. Hubo aislamiento de celulares para que únicamente él anunciara su determinación. En esos dos minutos exactos sin guión, que grabó sólo una vez, mostró su dolor, agradeció a la hinchada, ponderó el crecimiento institucional, pero no mencionó a los jugadores. Hasta que dejó de hablar, se llevó la mano al corazón y se fue de plano. Ya era hora de volver a ser estatua.

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