{“post_title”: “Las arengas filosas de Pedro Marchetta, el entrenador que hizo de las charlas técnicas un show de stand up”, “post_content”: “
El estadio rugió cuando el entrenador argentino Pedro Marchetta subió al escenario de las charlas técnicas. Sus arengas filosas, con estatura de stand up, apasionaban a sus propios jugadores y también a los rivales, que se desesperaban por saber qué había dicho el Negro sobre ellos en la charla técnica.

Marchetta, fallecido en abril de 2022, se sumergió en la dirección técnica tras retirarse como futbolista. Fue ayudante del Coco Basile y luego coach principal en múltiple clubes: Racing, Los Andes, Rosario Central, Racing de Córdoba, Vélez, Talleres, Belgrano, Instituto, Independiente, Platense, Independiente Rivadavia, Barcelona y Deportivo Quito de Ecuador.
A pesar de haber formado equipos de color ofensivo y con una identidad definida, solo cosechó un título: un ascenso a la élite con el Canalla. Suficiente para que su leyenda, con el coro de risas de fondo por sus ocurrencias, se esparciera de plantel en plantel, de banco en banco.
Por ejemplo, cuando estaba en Central, convirtió un error en una cábala. “En marzo teníamos un partido en Buenos Aires, dos días antes del inicio de clases. Decidí ir a cortarme el pelo en la peluquería del hotel donde concentrábamos, pero no estaba la persona que solía atenderme y quien lo hizo me dejó un desastre (risas), parecía el corte de un chico de primaria. Cuando me vieron los muchachos salieron corriendo a comprar un guardapolvo y me lo entregaron firmado con dedicatoria: “Para el alumno Marchetta”. ¿Sabés que hice? Un rato más tarde di la charla técnica con el guardapolvo puesto”, supo contar en una entrevista con Infobae.
O las situaciones inverosímiles lo persiguieron o él supo relatarlas con tanta gracia y esa voz finita, casi de dibujo animado, que se convirtieron en cuentos. Como cuando le dio la oportunidad a Gustavo Antoún en Instituto de Córdoba. “Siempre me reclamaba para saber cuándo le iba a tocar ser titular. Era realista y le decía que tenía que esperar su oportunidad, detrás de Ramón Álvarez, toda una institución de la Gloria. Y llegó ese día, porque a Álvarez lo suspendieron por acumulación de amarillas. Nos tocaba con Deportivo Español, que venía tercero con un equipo tremendo. Le di todas las recomendaciones sobre las fortalezas de ellos. Nos dieron un baile de locos. Perdimos 4-2 de locales con cuatro horrores monumentales de Antoún. Se nos caía la cancha encima. En el vestuario me vino a ver: “Pedro: le quería decir que no cuente más conmigo, que me retiro del fútbol”. Lo miré y le respondí: “¿Pero por qué no me lo dijiste ayer, la puta madre, y ponía a otro?””, supo narrar con ingenio.
El humor como arma
El ex delantero compartió sus mejores anécdotas con el entrenador. Si hasta su olfato estuvo a un paso de permitirle tener en su poder el pase de Diego Maradona antes de que debutara en Argentinos Juniors. “A Diego lo conocí cuanto tenía 13 años y fue a jugar los Evita a Embalse. Yo tenía los hoteles 2, 4 y 7, y viene un amigo, el Cabezón Sala, y me dice: “Hay un negro que juega un 10, no sabés lo que es, andá a verlo”. Año 1973. Lleno de gente estaba, mamita querida lo que era Diego. Le dije al dueño de mi empresa: “Vos que tenés mucha plata, hay que comprar a este pibe”. Recuerdo haber ido a hablar con el padre, con Don Diego, a ofrecerle 8 millones de pesos, pero quiso seguir en Argentinos, porque ahí estaba Francis Cornejo. Ese campeonato terminaron segundos porque Diego erró un penal con los chicos de Pinto de Santiago del Estero”, detalló en una entrevista con la revista El Gráfico.
Pero sus delirantes descripciones de los jugadores adversarios para incentivar a sus pupilos se transformaron en fábula. Con sus condimentadas sentencias, o tocaba la fibra íntima de sus dirigidos o les arrancaba una sonrisa. Una de dos. Lo seguro es que no iban a pasar inadvertidas. Y hasta se hicieron compendio en su biografía titulada “El Negro”, firmada por Gustavo Gutiérrez y Hugo Caric.
Por ejemplo, antes de un choque entre Central y San Lorenzo, encaró a uno de sus hombres con pegada más certera (y potente) y le lanzó: “Petaco (Carbonari), escuchame bien: hoy pateá desde cualquier lado que para ellos ataja uno que se llama (Gustavo) Campagnuolo. Tiene apellido de mermelada. Si no le hacés un gol sos un muerto”.
Duplicó la apuesta con Darío Scotto, atacante que luego jugó en Boca. “Scotto, hoy te bajás del micro y empezás a patear. Ataja (Gilberto) Angelucci. Le tirás un colchón y es gol. No ataja, vuelca”, azuzó sobre el venezolano.
Anécdotas de un entrenador apasionado
El destinatario podía no ser el guardameta. Los defensores también eran alimento para sus dardos estimulantes. “Ruso, escuchame bien -supo decirle a Claudio Spontón, otro de sus soldados en Platense-: hoy te va a marcar Plá. Tres letras tiene el apellido. Tres. No puede jugar al fútbol. Debería estar prohibido llegar a Primera con un apellido de tres letras. No sirve ni para un crucigrama”, inventó con una agudeza que intrigaba incluso a sus rivales.
Sí, porque las charlas técnicas de Marchetta eran tema de conversación en el camerino adversario. Los contendientes querían saber su contenido, y no precisamente por el temor a sus innovaciones tácticas, sino para saber si sus nombres aparecían en el guion. Y cómo.

Oriundo de Carlos Paz, vivió allí sus últimos años. “Me quedaron dos bypass de cuando dirigía a Platense. A uno le puse Erbín y al otro Irusta. Dos hijos de puta”, pinchó al marcador central y al arquero que tuvo en Vicente López.
El zaguero, ex River y Boca, se lo cruzó en un estadio como adversario, y con varias horas de charlas técnicas en el lomo.




