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Récord migratorio: Nueva Zelanda pierde 70.000 ciudadanos al año

Por qué los ciudadanos de Nueva Zelanda están abandonando su país en números récord

Alarmante récord migratorio

En el último año, más de 70.000 ciudadanos de Nueva Zelanda abandonaron el país, representando cerca del 1,4% de su población total, que asciende a 5,1 millones de habitantes. Esta cifra constituye el mayor flujo de salida en décadas y ya genera inquietud en la nación insular.

Una tendencia histórica que se intensifica

Durante décadas, Nueva Zelanda registró pérdidas netas moderadas de población, alrededor de 3.000 personas por año, compensadas por la inmigración. Sin embargo, en los dos últimos años, las salidas se han acelerado abruptamente, coincidiendo con un mercado laboral debilitado y un estancamiento económico generalizado.

Entre octubre de 2024 y octubre de 2025, 71.000 neozelandeses emigraron frente a 26.000 que regresaron, lo que arroja una pérdida neta de 45.000 habitantes. El precedente más cercano ocurrió en 2011-2012, tras la crisis financiera global, con saldos negativos anuales que superaron los 40.000. No obstante, aquel repunte fue transitorio, mientras que ahora la tendencia persiste sin señales claras de moderación.

Australia, epicentro de la emigración

Aproximadamente el 60% de los emigrantes elige Australia, el destino histórico predominante. En el país vecino residen ya unos 700.000 neozelandeses (cerca del 13% de la población de Nueva Zelanda), a los que se suman unos 100.000 nacidos en Australia con ciudadanía neozelandesa. El sociólogo Francis Collins subraya que “las conexiones sociales existentes” constituyen un poderoso imán para los emigrantes.

Factores económicos impulsores

La debilidad del mercado laboral neozelandés es el motor principal. La tasa de desempleo se ubica en el 5,3%, la más alta en casi una década, acompañada de recortes en el sector público. A ello se une un crecimiento del PIB estimado en torno al 1% en 2025 y una pérdida de poder adquisitivo, ya que los salarios crecen más lentamente que la inflación, especialmente en vivienda y productos básicos.

En contraste, Australia ofrece salarios significativamente mayores y mejores condiciones laborales, como pagos extra por horas extraordinarias, fines de semana y festivos, algo no garantizado por ley en Nueva Zelanda. Por ejemplo, un enfermero registrado en Australia percibe entre 85.000 y 90.000 dólares australianos anuales (equivalentes a entre 59.000 y 62.000 dólares estadounidenses), y solo en el último año más de 10.000 profesionales de la salud neozelandeses se registraron para trabajar allí. En el sector de seguridad, 212 agentes dejaron la policía de Nueva Zelanda entre enero de 2023 y abril de 2025, atraídos por salarios que superan los 75.000 dólares estadounidenses mensuales, con vivienda gratuita o subsidios. La minería y la construcción también figuran entre los sectores más demandados, impulsados por una economía australiana que creció por encima del 2% en el año anterior.

Transformación del perfil emigrante

El perfil de quienes abandonan Nueva Zelanda ha cambiado. Si antes predominaban los jóvenes recién graduados que probaban suerte por unos años, ahora la mayoría son personas de entre 20 y 30 años que ya cuentan con experiencia laboral. Paul Spoonley, profesor emérito de la Universidad Massey, señala que el 38% de los emigrantes son ciudadanos neozelandeses nacidos en el extranjero, y en comunidades como la británica, las salidas ya superan a las llegadas. Además, un número creciente de jubilados opta por reunirse con familiares en el exterior.

El experto califica de “preocupante” el volumen de salidas, pues aunque las cifras son comparables a las de la crisis financiera, ahora también se marchan más extranjeros residentes, reforzando una tendencia que no muestra signos de desaceleración.

Consecuencias demográficas y retos futuros

La combinación de fuerte emigración de ciudadanos y una inmigración neta debilitada ha provocado una caída drástica en la tasa de crecimiento poblacional: del 2,3% en 2023 al 0,7% en 2025. Con más de 800.000 ciudadanos viviendo en el extranjero, Nueva Zelanda posee una de las diásporas más grandes de la OCDE en relación con el tamaño de su población.

Spoonley critica la falta de interés del gobierno por conectar con esta diáspora y aprovechar su experiencia. A largo plazo, la salida sostenida de trabajadores con experiencia podría traducirse en pérdida de capital humano, menor productividad y un crecimiento económico más débil. Si bien el gobierno ha prometido reformas con incentivos fiscales y cambios regulatorios, estas se centran más en atraer y conservar a trabajadores extranjeros cualificados que en retener a los nacionales. Ante la ventaja comparativa de Australia en salarios y oportunidades, revertir la tendencia de los jóvenes a buscar horizontes en el exterior se presenta como un desafío considerable.

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