Dedicarse a la inteligencia artificial parecía la opción más segura. Durante un buen tiempo, los profesionales en machine learning vivían convencidos de que su futuro laboral estaba asegurado. Sin embargo, la realidad ha dado un giro inesperado, como ha puesto de relieve un ingeniero de Block. Según sus propias palabras, se vive una paradoja tecnológica: “Estábamos preparando nuestro propio reemplazo”.
Con esta frase, el protagonista deja patente lo que ocurre en numerosas compañías, sobre todo en el ámbito tecnológico, aunque no exclusivamente. Ser un experto en estas herramientas, o incluso formar parte del equipo que las desarrolla, ya no garantiza estabilidad. Las oleadas de despidos no parecen respetar perfiles ni especialidades.
Los recortes por inteligencia artificial en Block
Hace unos días saltó la noticia: Block, la firma creada por Jack Dorsey (fundador de Twitter), anunció la eliminación de casi la mitad de sus empleos. El motivo, idéntico al que han esgrimido Google, Amazon, Microsoft y otras tantas corporaciones: la automatización que promueve la IA. Curiosamente, el anuncio se realizó a través de la red social X.
En esta ocasión, ha sido un ingeniero de Block, afectado por la reestructuración, quien ha roto su silencio. Lógicamente, lo ha hecho desde la trinchera de quienes han sufrido de primera mano los beneficios de la inteligencia artificial. Lo sorprendente es que el profesor creía que su puesto no corría peligro… hasta que se dio cuenta de que era demasiado tarde.
Según recoge Business Insider, Kenji (ese es el seudónimo que utilizan) trabajaba como ingeniero en Block, la empresa fundada por Jack Dorsey. Su especialidad era la inteligencia artificial y formaba parte del grupo encargado de impulsar la productividad corporativa. El método: implementar la propia IA. Al final, esa fue su sentencia.
Durante meses, el equipo integró algoritmos de IA en los procesos cotidianos. La meta era automatizar tareas repetitivas, acelerar el análisis de datos y agilizar el desarrollo de software. Con el paso de las semanas, quedó claro que la automatización también reducía la necesidad de personal humano. Y Kenji no iba a ser una excepción.
Cria inteligencia artificial… y quédate sin trabajo
“En cierto modo, estábamos fabricando nuestro propio sustituto”, ha admitido el ingeniero. También ha relatado lo extraño que le resultó todo el proceso: durante un tiempo, los empleados de Block tuvieron la sensación de estar construyendo el futuro de la compañía, hasta que comprendieron que la realidad no se ajustaba a sus expectativas.
Según Kenji, la profesión está mutando más deprisa de lo que nadie podía anticipar. Y los ingenieros no serán los únicos afectados por este fenómeno. Él mismo compara la situación con la transición del coche de caballos al automóvil en el siglo XX. Solo que ahora no son los animales los que pierden relevancia, sino las personas.
La historia de Kenji ilustra un punto crítico: incluso quienes desarrollan la tecnología más avanzada pueden convertirse en víctimas de su propia creación. La ironía no pasa desapercibida: el mismo sistema que diseñaron para optimizar procesos terminó por considerarlos prescindibles.
Este caso refuerza la idea de que la automatización no distingue entre sectores ni perfiles. Mientras las empresas celebran los ahorros de costes derivados de la IA, miles de profesionales se enfrentan a la incertidumbre de un mercado laboral que cambia a una velocidad sin precedentes.
La lección es clara: en la carrera tecnológica actual, la única constante es la transformación. Y esa transformación, paradójicamente, puede dejar fuera de juego a quienes la impulsan.
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