“Yo me voy y ustedes se quedan con todo el dolor. Pero ¿y todo el dolor que yo he sufrido en estos años?”.
El padecimiento a lo largo de la existencia y los dos años de contienda judicial que ha enfrentado la catalana Noelia Castillo Ramos, de 25 años, culminan este jueves, fecha fijada por la justicia para practicar la eutanasia.
Para ello ha debido aguardar a que cinco instancias judiciales, la última el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, se pronunciaran. Todas la respaldaron.
Aunque las autoridades competentes fueron coherentes en cada escala, la resistencia de su progenitor, asesorado por un colectivo ultracatólico, obligó a aplazar la situación.
Finalmente, este martes el tribunal europeo puso punto final al conflicto legal: la eutanasia puede ejecutarse.
Detrás quedan una infancia tortuosa en un hogar desestructurado, que la llevó a estar bajo tutela estatal, diversas agresiones y abusos, una violación múltiple y varios intentos de suicidio. Uno la dejó parapléjica y con dolores atroces tras lanzarse desde un quinto piso.
Este prolongado litigio, que ha alargado el sufrimiento físico y psíquico que ya soportaba Noelia, convierte su historia en un caso emblemático en España y el primero que llega a los tribunales desde la entrada en vigor de la ley de eutanasia en 2021.
También ha puesto en evidencia las brechas de la norma y una cuestión más honda: quién está legitimado para impedir que un adulto decida poner fin a su vida.
El sufrimiento invisible
“Lo he logrado y a ver si por fin puedo descansar porque ya no aguanto más. No puedo más con esta familia, no puedo más con los dolores, no puedo más con todo lo que me atormenta en la cabeza”, confesó la joven barcelonesa en el programa “Y ahora Sonsoles”, de Antena 3, que la entrevistó esta semana.
La historia de Noelia ha generado polémica en España por su juventud y porque no padece una enfermedad considerada terminal en el imaginario social.
Sin embargo, su petición de eutanasia recibió el visto bueno unánime de la Comisión de Garantía y Evaluación de Cataluña, el órgano independiente que revisa estos expedientes.
La ley exige que quien la solicita sufra una patología grave e incurable o un padecimiento crónico insoportable y, según el comité de expertos, la joven cumplía los requisitos, al presentar “una situación clínica no recuperable”.
Esto le provocaba, a juicio del colectivo de médicos y juristas, “una dependencia grave, dolor y sufrimiento crónico e imposibilitante”, lo que afectaba a su autonomía y a sus actividades cotidianas.
Además, todas las resoluciones judiciales que han analizado su caso han confirmado que Noelia conserva intactas sus capacidades mentales, condición indispensable para que la decisión de solicitar la eutanasia sea “libre, consciente e informada”, como prescribe la ley.
Ella misma dejó clara su voluntad en la televisión, su primera y última aparición en los medios desde que el asunto saltó a los tribunales, donde detalló que sufría un profundo dolor psíquico.
“Yo, antes de pedir la eutanasia, veía mi mundo muy oscuro, no tenía ni metas, ni propósitos ni nada”, relató ante las cámaras.
“En el segundo psiquiátrico me lesioné como dos o tres veces y me intenté suicidar dos”, contó.
Tras sufrir varios abusos, entre ellos una agresión sexual múltiple por parte de tres chicos, según explicó, el 4 de octubre de 2022 se arrojó desde un quinto piso. La caída no la mató, pero la dejó parapléjica y con graves secuelas.
En abril de 2024 solicitó la eutanasia a la Comisión de Garantía y Evaluación de Cataluña, que le dio el visto bueno por unanimidad tres meses después.
La batalla judicial
Su padre, no obstante, interpuso un recurso para frenar la eutanasia pocos días antes de la fecha prevista, en agosto de ese mismo año.
Gerónimo Castillo, quien ha sido asesorado durante todo el proceso por el colectivo ultracatólico Abogados Cristianos, alegaba que Noelia presentaba trastornos de salud mental y que, por tanto, no estaba en condiciones de tomar una decisión plenamente libre.
Sus letrados pedían también que se impusiera a la joven un tratamiento psicológico antes de autorizar la muerte asistida y acusaban al sistema de no agotar todas las posibles vías terapéuticas antes de iniciar un proceso irreversible.
Un tribunal catalán paralizó de forma cautelar el procedimiento y, siete meses después, Noelia compareció ante la jueza y ratificó su decisión de morir.
“Quiero terminar con dignidad de una vez por todas”, dijo ante la magistrada, y relató que había sido “coaccionada” por grupos religiosos que habían llenado una habitación del centro donde vivía con dibujos, cruces y símbolos religiosos.
La titular del juzgado le dio la razón a Noelia. Pero el asunto no terminó ahí.
Abogados Cristianos llevó el caso al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que confirmó la sentencia, dando luz verde a la eutanasia. Tanto el Tribunal Supremo como el Constitucional español rechazaron el recurso presentado por el padre, a quien solo quedaba la vía europea.
Pero el Tribunal Europeo de Derechos Humanos rechazó este 10 de marzo las medidas cautelares presentadas por Abogados Cristianos para frenar el proceso.
“Sabían desde el principio que perderían y, aun así, han hecho pasar a Noelia por este larguísimo periplo de casi dos años hasta llegar a la alta instancia europea. Es indignante”, denunció a EFE la presidenta de la Asociación por el Derecho a Morir Dignamente de Cataluña, Cristina Vallès.
Desde que la ley entró en vigor en 2021, 1.300 personas han podido ejercer su derecho a la eutanasia y morir acompañadas de sus familias, según Vallès.
“Son personas que sufren tanto que prefieren irse y descansar, y las familias las acompañan porque acompañar y dejar ir es un acto de amor”, señaló la presidenta de la asociación.
A pesar de que su caso se ha convertido en un símbolo en España para los defensores de la muerte digna, Noelia ha dejado claro que quiere ser “ejemplo de nadie”.
“Yo solo quiero irme en paz y dejar de sufrir”.
Si tú o alguien de tu entorno piensa en el suicidio, busca ayuda. Puedes encontrar recursos de apoyo aquí y si estás en España en concreto, puedes recurrir a la línea 024 de atención a la conducta suicida del Ministerio de Sanidad.
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